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Mundial 2026: el furor de las figuritas volvió a conquistar a los chicos de Villa Dolores

Con la Selección Argentina defendiendo el título de campeona del mundo rumbo al Mundial 2026, los álbumes y las figuritas volvieron a ocupar un lugar central en la vida de miles de chicos. En kioscos, escuelas y plazas de Villa Dolores se repite una escena que atraviesa generaciones: abrir paquetes con ansiedad, cambiar repetidas y perseguir el sueño de completar el álbum.

“¿Te salió Messi?”

La pregunta se escucha en kioscos, veredas, recreos escolares y hasta en reuniones familiares. Cambian las épocas, cambian los nombres de los jugadores y cambia la tecnología, pero hay algo que permanece intacto: la magia de las figuritas.

En Villa Dolores, la llegada del álbum oficial del Mundial 2026 volvió a despertar un fenómeno que mezcla fútbol, ansiedad, nostalgia y pequeños rituales cotidianos. Los paquetes se venden rápido. Los chicos se reúnen para cambiar repetidas. Los padres vuelven a gastar monedas que décadas atrás también usaron para perseguir una figurita difícil. Y en medio de todo eso, la Selección Argentina aparece como telón de fondo perfecto: nada menos que la campeona del mundo.

La ilusión tiene un brillo especial.

Porque esta vez no se trata solamente de coleccionar jugadores. Se trata de llenar un álbum en tiempos donde Argentina llega al Mundial defendiendo aquella tercera estrella que paralizó al país en Qatar. Para muchos chicos, Lionel Messi ya no es simplemente una figura del deporte: es el capitán campeón del mundo cuya figurita todos quieren conseguir primero.

Pero detrás del furor actual también aparece la memoria.

Las figuritas forman parte de una tradición profundamente emocional en la cultura argentina. Mucho antes de los sobres brillantes y las aplicaciones digitales para controlar repetidas, existieron las figuritas de cartón, los chocolatines con premios y aquellos álbumes que parecían tesoros imposibles de completar.

En las décadas del ‘40, ‘50 y ‘60 las figuritas no eran solamente deportivas. Había próceres, cuentos infantiles, caricaturas, autos, actores y leyendas populares. Algunas venían con brillantina. Otras traían vales por pelotas de fútbol o juguetes. Conseguir un “vale” era tocar el cielo con las manos.

Pero acaso lo más importante ocurría en la calle.

Las figuritas se jugaban. Y se defendían.

“La arrimadita”, “la tapadita”, “cielo y tierra” o “la flechita” eran parte de una liturgia infantil que ocupaba recreos enteros. Había discusiones eternas, reglas propias y códigos que los chicos aprendían casi sin darse cuenta. Perder una figurita difícil podía doler más que perder un partido.

Hoy muchas cosas cambiaron. Los chicos conviven con celulares y redes sociales. Las figuritas ya no se juegan tanto en el piso de tierra ni contra una pared. Sin embargo, algo esencial sobrevive.

La emoción de abrir un paquete sigue siendo la misma.

Ese instante mínimo donde los chicos revisan una por una las figuritas esperando que aparezca la que falta. El brillo inesperado. El jugador difícil. El escudo especial. La sorpresa.

Y entonces ocurre algo extraordinario: durante algunos minutos, el tiempo parece detenerse. Los adultos recuerdan su infancia. Los chicos crean recuerdos nuevos. Y un simple álbum de fútbol logra unir generaciones enteras alrededor de una mesa, un kiosco o un recreo.

En Villa Dolores, mientras el Mundial 2026 empieza a sentirse cada vez más cerca, las figuritas volvieron a demostrar que nunca fueron simplemente un papel impreso.

Fueron, y siguen siendo, una de las formas más felices de la ilusión.