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Los Gigantes y la nueva conexión que puede cambiar Traslasierra

Cortes de las Altas Cumbres durante las últimas semanas aceleraron un fenómeno inesperado: miles de cordobeses comenzaron a redescubrir la Ruta 28, el histórico camino que une Punilla con Traslasierra atravesando Los Gigantes. Mientras avanza la pavimentación, crecen las expectativas sobre una obra que promete transformar la conectividad, el turismo y la economía regional.

Durante décadas, para muchos cordobeses, cruzar hacia Traslasierra significó casi automáticamente pensar en el Camino de las Altas Cumbres. Era la vía inevitable, la postal clásica y también el corredor más transitado para llegar al oeste provincial.

Pero algo empezó a cambiar.

El cierre total de las Altas Cumbres en las últimas semanas por tareas de reparación, obligó a miles de conductores a buscar rutas alternativas. Y en ese movimiento inesperado, la vieja Ruta 28 —el camino de Los Gigantes— dejó de ser un trayecto secundario para convertirse, aunque fuera por unos días, en protagonista.

Muchos la conocieron por primera vez. Otros volvieron a recorrerla después de años. Y casi todos descubrieron algo parecido: un corredor imponente, silencioso, lleno de paisajes extraordinarios y con un potencial enorme para modificar el mapa de Traslasierra.

La ruta une Tanti, en Punilla, con Taninga, atravesando las Sierras Grandes y sectores de una belleza áspera y profundamente cordobesa. Durante mucho tiempo fue considerada una travesía difícil, casi exclusiva para aventureros, conocedores del terreno o amantes del rally y las motos.

Hoy la realidad empieza a ser otra.

Aunque todavía quedan extensos sectores sin pavimentar, las obras avanzan lentamente y ya permiten imaginar una transformación histórica. El antiguo camino de ripio y cornisa va dejando lugar a una vía más amplia, segura y preparada para un tránsito cada vez mayor. Según estimaciones oficiales, el asfaltado completo de los casi 80 kilómetros podría finalizar hacia 2028.

Pero el cambio ya comenzó incluso antes de terminar la obra.

“Esta situación sirvió para que muchísima gente nos conociera y pudiera descubrir que nuestra zona está llena de recursos y bellezas”, expresó en declaraciones a la prensa capitalina Paola Martínez, jefa comunal de Tala Cañada, uno de los primeros pueblos que aparecen al descender hacia Traslasierra por este corredor serrano.

La frase resume algo más profundo que un simple aumento de tránsito. Porque detrás del asfalto aparece la posibilidad concreta de otra integración regional.

Los pequeños pueblos de la zona saben que el camino puede cambiar su destino económico y turístico. Más visitantes significan más movimiento comercial, más oportunidades para emprendedores locales y más posibilidades para comunidades históricamente alejadas de los grandes circuitos.

En Las Palmas, cerca de los emblemáticos Túneles de Pocho, la expectativa también crece. “Para nosotros este camino es fundamental”, señaló al tabloide el jefe comunal Diego Tejeda, recordando que décadas atrás antiguas empresas de transporte utilizaban este recorrido antes de que las Altas Cumbres monopolizaran la conexión con Córdoba capital.

La historia parece empezar a girar otra vez.

Quienes recorren hoy la Ruta 28 encuentran algo difícil de explicar con precisión: una mezcla de inmensidad, vértigo y belleza intacta. Cóndores sobrevolando quebradas. Gigantes de piedra recortándose contra el cielo. Ríos escondidos entre montañas. Silencio.

Y también futuro.

Porque mientras las máquinas avanzan lentamente entre las sierras, Traslasierra empieza a imaginar una nueva puerta de entrada. Una obra vial que ya no se percibe solamente como un camino alternativo, sino como un proyecto capaz de modificar para siempre la manera en que la región se conecta con el resto de Córdoba.