Entre las sierras de Yacanto de San Javier, un hotel nacido al calor de la expansión ferroviaria conserva más de cien años de funcionamiento ininterrumpido. Su arquitectura, sus 30 hectáreas, el golf, la gastronomía y las actividades al aire libre mantienen vigente una experiencia turística marcada por la historia y la naturaleza.
Hay lugares de Traslasierra donde el paisaje parece marcar otro ritmo. El verde de las sierras, los jardines y la tranquilidad de Yacanto de San Javier crean un escenario en el que la historia no parece algo lejano, sino una presencia cotidiana. En ese entorno permanece el Hotel Yacanto, uno de los establecimientos históricos vinculados con el nacimiento del turismo en Córdoba.
Más de cien años después de su construcción, el hotel continúa funcionando y mantiene sus puertas abiertas de manera ininterrumpida. Esa continuidad constituye uno de sus principales rasgos distintivos.
“Somos uno de los hoteles históricos que siguen en pie en Argentina. Tenemos más de 100 años de funcionamiento ininterrumpido y ese es un valor muy significativo”, explicó Andrea Aguilar, gerente del establecimiento, al portal Carlos Paz Vivo.
La historia del hotel está relacionada con un momento decisivo para la región: la expansión ferroviaria de comienzos del siglo XX. El edificio fue construido con diseño e ingeniería inglesa, en el marco del desarrollo turístico que acompañó la llegada del tren hacia Villa Dolores.
Aquella influencia todavía puede reconocerse en la arquitectura y en la atmósfera del establecimiento. El paso del tiempo modificó las formas de viajar y las propuestas turísticas, pero el edificio conserva buena parte de la identidad con la que fue concebido.
El presente del Hotel Yacanto, sin embargo, no depende únicamente de su patrimonio. Sobre unas 30 hectáreas, la naturaleza constituye una parte fundamental de la experiencia.
El complejo cuenta con una cancha de golf de nueve hoyos, canchas de tenis y pádel, jardines y senderos. A esto se suman diferentes alternativas para quienes buscan recorrer los paisajes de la zona: cabalgatas, caminatas, recorridos por arroyos y ascensos al cerro Champaquí.
El hotel funciona así como punto de partida y también como espacio de descanso. Según Aguilar, muchos huéspedes encuentran dentro del predio actividades suficientes para permanecer allí durante buena parte de su estadía, mientras otros aprovechan su ubicación para realizar excursiones por Traslasierra.
La gastronomía también ocupa un lugar propio. El restaurante permanece abierto todos los días y ofrece una propuesta basada en productos regionales y elaboraciones artesanales. Es un cambio respecto de la modalidad que caracterizó al establecimiento años atrás, cuando funcionaba bajo un sistema de pensión completa tipo buffet.
Actualmente, la cocina busca poner en valor los productos de cercanía y se convirtió además en una alternativa para quienes recorren la región, incluso sin alojarse en el hotel.
El golf, por su parte, conserva una presencia histórica. La cancha mantiene actividad durante todo el año y recibe torneos y encuentros deportivos. Su recorrido combina la exigencia propia de la disciplina con el atractivo del paisaje serrano.
“La cancha tiene una dificultad técnica interesante, pero al mismo tiempo ofrece un disfrute estético incomparable. Es un lugar para jugar y también para contemplar el paisaje”, señaló Aguilar al portal.
En un territorio donde el turismo encuentra en la naturaleza uno de sus principales argumentos, el Hotel Yacanto suma otro componente: la posibilidad de alojarse dentro de un edificio que forma parte de la propia historia de los viajes por Traslasierra.
Más de un siglo después de aquel vínculo inicial con el ferrocarril, el establecimiento conserva una propuesta que reúne patrimonio, descanso, deportes, gastronomía y contacto con el paisaje.
El tiempo pasó, las formas de viajar cambiaron y el turismo incorporó nuevas alternativas. El Hotel Yacanto, sin embargo, continúa allí, entre Yacanto y San Javier, como testimonio de una época en la que llegar a las sierras comenzaba a convertirse en una experiencia turística. Hoy, aquella historia sigue formando parte del viaje.

