El IPET N° 232 “Prof. Enrique A. Flores” inauguró un sistema fotovoltaico tras ganar el Concurso Escuelas Sustentables con un proyecto de economía circular que reutiliza descartes de granito y promueve innovación ambiental en una comunidad minera del interior cordobés.
En una localidad del noroeste cordobés donde la minería marca el pulso económico y social, una escuela técnica logró convertir los residuos del propio sistema productivo en una oportunidad educativa, ambiental y tecnológica.
El IPET N° 232 “Prof. Enrique A. Flores”, de Ciénaga del Coro, inauguró recientemente un sistema de energía solar obtenido como premio tras consagrarse en la segunda edición del Concurso Escuelas Sustentables. La instalación fotovoltaica permitirá abastecer parte del consumo energético de la institución y acercar a estudiantes y docentes a una experiencia concreta de transición energética.
Pero el reconocimiento no llegó únicamente por la incorporación tecnológica. El proyecto que llevó a la escuela al primer puesto se denomina “Economía circular aplicada a la minería” y propone una mirada innovadora sobre los residuos generados por canteras y aserraderos de granito de la región.
A partir de esos descartes, la comunidad educativa desarrolló la fabricación de adoquines, baldosas, canto rodado decorativo y un limpiador abrasivo denominado “Max-Skurr”. Todo el proceso se articula a través de la Cooperativa Escolar “Mano a Mano”, donde los estudiantes integran formación técnica, producción y conciencia ambiental en una experiencia pedagógica aplicada.
“Lo que celebramos hoy trasciende ampliamente una instalación tecnológica; es el esfuerzo compartido, la capacidad de transformar ideas en acciones concretas y la convicción de que la educación genera cambios reales en nuestras comunidades”, expresó la directora del establecimiento, Valeria Gonzáles, durante el acto de inauguración.
La ceremonia contó con la presencia de alumnos, docentes, familias y autoridades provinciales y comunales, en un encuentro que puso en valor el trabajo conjunto entre el sistema educativo, organismos públicos y actores privados que impulsan el concurso.
El impacto del proyecto va más allá de la escuela. En una región históricamente vinculada a la extracción de recursos naturales, la iniciativa propone una lógica distinta: reutilizar lo que antes era descarte, reducir el impacto ambiental y convertir el conocimiento en motor de desarrollo.
Así, desde una pequeña comunidad del interior cordobés, una escuela técnica instala una idea potente: el futuro también puede construirse a partir de lo que sobra, cuando la educación, la innovación y el compromiso social se encuentran en un mismo proyecto.

