En el corazón de Traslasierra, Momo Weich decidió dar un giro radical y construir, con sus propias manos, una casa de barro que refleja su apuesta por la bioconstrucción y la vida sustentable. Lejos del mundo mediático, el hijo de Julián Weich impulsa un modo de habitar más consciente, integrado a la naturaleza y basado en la autosuficiencia. Su proyecto, que combina materiales naturales, reciclaje y técnicas de permacultura, se convirtió en un ejemplo de arquitectura ecológica y en una declaración de principios frente a los desafíos ambientales actuales.
En pleno valle de Traslasierra, Momo —el hijo de Julián Weich— eligió un camino alejado del ritmo mediático de su padre y decidió construir un proyecto de vida basado en la bioconstrucción, la autosuficiencia y el respeto por el ambiente. Su casa de barro, levantada casi íntegramente con sus propias manos, se convirtió en un ejemplo de arquitectura natural y en un símbolo de una búsqueda personal que va más allá del diseño: se trata de habitar el mundo de otra manera.
Las imágenes compartidas por el propio conductor muestran una vivienda que combina materiales nobles, reciclaje y técnicas de permacultura. El joven diseñó el hogar para aprovechar la energía natural: amplios ventanales de madera —con doble vidrio y mosquiteros— permiten regular la temperatura sin depender del consumo eléctrico, mientras que las aberturas hechas con madera recuperada se integran con muebles reusados y adaptados por él mismo.
Uno de los elementos más particulares de la construcción es la llamada “pata de elefante”: una base de piedras unidas con cemento en el pie de las paredes que actúa como barrera contra la humedad, protegiendo los cimientos y prolongando la vida útil de la estructura. Los muros, elaborados con barro y revoque fino, garantizan aislamiento natural, evitando filtraciones y regulando de forma eficiente la temperatura interior tanto en verano como en invierno.
La elección de este estilo de vida no es casual. Hoy, Momo forma parte de una comunidad agroecológica donde impulsa un “santuario de agua”, un proyecto dedicado a la preservación de recursos hídricos y al uso consciente de energías renovables. Allí trabaja en la producción autosustentable de alimentos y en la aplicación de técnicas de permacultura avanzada, apuntalando un modo de vida que prioriza la armonía con el entorno.
La casa de barro del hijo de Weich es mucho más que una construcción alternativa: es una declaración de principios en tiempos donde la sustentabilidad ya no es solamente una tendencia, sino una necesidad urgente.

