Sacerdotes y diáconos de la Diócesis participaron de cinco días de retiro en la Casa de Ejercicios Espirituales de Villa Cura Brochero. El encuentro buscó fortalecer la vida espiritual y renovar el compromiso pastoral.
Durante cinco jornadas dedicadas a la oración, el silencio y la reflexión, el clero de la Diócesis de Cruz del Eje participó de los tradicionales ejercicios espirituales anuales, realizados en la Casa de Ejercicios Espirituales de Villa Cura Brochero.
El retiro reunió a sacerdotes y diáconos transitorios de toda la Diócesis junto al obispo Ricardo Araya, en un espacio pensado para la renovación espiritual y la fraternidad sacerdotal. La casa donde se desarrolló el encuentro es administrada por las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús y continúa la obra pastoral inspirada en el legado del santo argentino José Gabriel del Rosario Brochero.
Las meditaciones estuvieron a cargo del padre Hugo Massimino, miembro de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey, quien propuso un itinerario espiritual inspirado en distintos momentos de la vida de Jesús relatados en el Evangelio.
El camino espiritual comenzó con la contemplación del desierto, presentado como un lugar de silencio interior, preparación y discernimiento. A partir de allí, los participantes recorrieron simbólicamente distintos escenarios bíblicos que invitan a profundizar la vocación sacerdotal.
Entre ellos se destacó Nazaret, imagen de la vida cotidiana vivida en sencillez; el río Jordán, asociado al redescubrimiento del bautismo y la misericordia; y los paisajes del mar de Galilea y la montaña, lugares donde Jesús llama a sus discípulos y los invita a anunciar su mensaje.
El itinerario concluyó con la mirada puesta en Jerusalén, contemplando la pasión y muerte de Cristo, para luego proyectar la misión pastoral hacia el mundo y la vida concreta de las comunidades.
La misa de cierre fue presidida por el obispo Araya, quien exhortó a los sacerdotes y diáconos a cuidar con dedicación la misión pastoral encomendada. En su mensaje, recordó también la herencia espiritual del Cura Brochero, destacando la importancia de acompañar con cercanía y paciencia al pueblo de Dios.

