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Reforestación: «El corazón es clave para salvar la naturaleza»

El baqueano Efraín Oliva advierte sobre los errores en la reforestación con tabaquillos en las Sierras Grandes, resaltando la falta de seguimiento y cuidado en las plantaciones. Con un llamado al respeto por la naturaleza y al valor del sentimiento en su cuidado, Oliva recuerda los tiempos en que las serranías estaban llenas de vida y abundancia, destacando la importancia de los bosques nativos para la producción de agua.


Efraín Oliva, baqueano de Traslasierra y auxiliar de guardaparque en las Sierras Grandes de Córdoba, ha dedicado su vida a recorrer los paisajes serranos, observando los cambios que la naturaleza ha experimentado con el paso del tiempo. Hoy, su testimonio nos invita a reflexionar sobre una problemática urgente: la reforestación con tabaquillos, un árbol nativo crucial para la generación de agua en la región.

Oliva, con una mirada crítica pero cargada de sentimiento, comenta que ha recolectado numerosos tachos plásticos de plantines de tabaquillo que, si bien son llevados a las serranías con el objetivo de generar bosques y restaurar el ciclo del agua, muchas veces terminan olvidados, contaminando el lugar al ser recipientes que no se degradan. «Además lo que he notado es que plantan los tabaquillos en lugares donde no crecen, y menos aún si no hay agua ni humedad», advierte.

Este baqueano de las sierras no sólo ha observado las fallas en la ubicación de las plantaciones, sino que también recalca la falta de seguimiento y cuidado que estos plantines requieren para sobrevivir: “A mí me parece que habría que hacer un seguimiento y supongo que tienen que tener un cuidado continuo, como cualquier planta que uno trasplanta. Y también supongo que se debe hacer un estudio adecuado a cada lugar para ver si realmente es necesario plantar allí o no».

Oliva insiste en que la naturaleza, moldeada durante milenios, tiene sus propios mecanismos, y que nuestra tarea principal debería ser evitar su degradación. «La naturaleza es muy milenaria y ya está formada a su forma. Creo que lo más importante es no degradarla y sentirla con el corazón», asegura.

El amor como motor para cuidar

En su relato, Efraín Oliva habla de un profundo vínculo emocional con la naturaleza. Para él, el cuidado del medio ambiente no puede ser una tarea puramente técnica; debe estar impregnada de sentimiento. «Cuando uno planta cualquier planta o cría a sus hijos, tiene que hacerlo con sentimiento. Lo que uno da vuelve. La naturaleza es recíproca con lo que uno da. Hay que hacer las cosas con corazón», comenta con sabiduría.

Con una comparación sencilla pero poderosa, Oliva explica cómo ve la reforestación desde su experiencia de vida. “Por ejemplo, si uno planta 20 plantas de tomate y no las cuida, no hay resultados ni beneficios. Pero si uno planta dos o tres, las cuida, las quiere con el corazón, y tiene un contacto verdadero y profundo con la naturaleza, creo que así se logran buenos resultados”, expone.

Para él, no todo es cuestión de conocimiento técnico. “Más allá de saber o no saber, en esto hay que manejarse con el sentimiento, con el sentido común. Yo me he criado en la cosecha y en las sierras, y hay que ponerle amor”, concluye.

Llamado a la recuperación

El baqueano recuerda con nostalgia cómo eran los puestos de montaña en su juventud, describiendo paisajes llenos de vida, con abundancia de agua, vegetación y animales.

“Antes los puestos de montaña eran una maravilla, un vergel, había amor, cariño, plantas, animales, agua, de todo… Sobraba la belleza y la abundancia. Eso vi en mi vida. Quizás esté equivocado, pero creo que en esto hay que ponerle corazón”, rememora con tristeza.

Hoy, ese escenario idílico ha cambiado. «Antes los ranchos de las sierras estaban llenos de vida, de paz y alegría. Hoy está todo muerto. Lamento y me da tanta tristeza ver cómo se va deteriorando nuestra serranía. ¡Qué lástima!», lamenta Oliva, con la esperanza de que las nuevas generaciones tomen conciencia de lo que está en juego.

La importancia del tabaquillo

Una de las principales preocupaciones en las Sierras Grandes es la escasez de agua, un recurso que cada vez se hace más escaso en la región. La pérdida de la flora nativa, en particular los bosques de tabaquillos, es uno de los factores más determinantes en este problema.

El tabaquillo es un árbol clave en las Sierras porque contribuye a la generación de agua. Estos árboles forman un microclima húmedo entre las nubes, propicio para la biodiversidad y el hogar de cientos de especies vegetales y animales. Los tabaquillos, con sus raíces, ayudan a que el suelo retenga el agua que cae en los meses de verano, permitiendo que fluya lentamente hacia las cuencas en invierno. Sin ellos, el ciclo del agua se interrumpe, y las zonas bajas sufren las consecuencias de la escasez.

La deforestación, provocada por actividades como la ganadería intensiva, la tala indiscriminada y los incendios, ha erosionado los suelos y ha reducido dramáticamente la capacidad de las Sierras para almacenar agua. Hoy, apenas queda un pequeño porcentaje de la vegetación original.

Un futuro incierto

Revertir esta situación no es tarea fácil. Se necesitarían millones de árboles para restaurar las Sierras a su estado original, una tarea titánica que requiere tanto del esfuerzo humano como del respeto por los ciclos naturales. Las palabras de Efraín Oliva, que combinan sabiduría práctica con un profundo amor por la naturaleza, nos recuerdan que el éxito de cualquier esfuerzo de reforestación no sólo depende de la planificación técnica, sino también de la pasión y el compromiso con la tierra.

«En esto hay que ponerle corazón», repite Oliva, como un mantra. Y quizá tenga razón.