Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba reveló la dimensión actual de la vitivinicultura provincial. Con producción mayormente artesanal y fuerte apuesta al enoturismo, el sector enfrenta desafíos económicos y ambientales mientras intenta robustecer su propio perfil.
La vitivinicultura cordobesa atraviesa una etapa de crecimiento, aunque todavía a pequeña escala. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) identificó 51 establecimientos elaboradores de vino en la provincia, con un total de 244,2 hectáreas cultivadas con vid. Se trata del primer diagnóstico socioproductivo que analiza en profundidad cómo se organiza esta actividad emergente.
El trabajo fue desarrollado por Daniel Cáceres, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv, UNC-Conicet), junto al docente Mariano Córdoba, de la Facultad de Ciencias Agropecuarias. La investigación se basó en entrevistas realizadas a 47 elaboradores entre 2023 y 2024, con el objetivo de comprender quiénes producen vino en Córdoba, cómo lo hacen y cuáles son sus estrategias productivas.
Los resultados muestran que la vitivinicultura local opera principalmente en escala reducida. El 77% de los establecimientos produce menos de 12 mil botellas al año y más de un tercio no supera las 4 mil botellas. Solo cuatro bodegas superan las 20 mil unidades anuales.
El estudio también identificó dos perfiles productivos bien definidos. Por un lado, las bodegas empresariales, que concentran mayores inversiones y suelen integrar el enoturismo a su modelo de negocio mediante hospedajes, restaurantes o eventos. Por otro, las bodegas familiares, con estructuras más pequeñas, estrategias flexibles y menor exposición al riesgo económico.
En los viñedos cordobeses se cultivan 27 cepas diferentes. Entre las más extendidas se encuentran malbec, cabernet sauvignon y sauvignon blanc. Los departamentos con mayor presencia de bodegas son Calamuchita, Colón y San Javier.
A pesar del crecimiento registrado en las últimas dos décadas —cuando se plantó el 75% de las vides actuales— el sector enfrenta importantes desafíos. Cerca del 60% de los productores reconoce que la actividad no es económicamente sustentable y depende de ingresos provenientes de otras actividades.
Además, los viñedos enfrentan presiones ambientales vinculadas al uso de herbicidas en la agricultura extensiva, un factor que puede afectar la producción y la calidad de las uvas. En ese contexto, los investigadores destacan la necesidad de políticas públicas específicas que acompañen el desarrollo de una industria que aún busca asegurar su identidad en el mapa vitivinícola argentino.

