La corrupción sacude a las cárceles de Córdoba. Una serie de revelaciones llevaron a la intervención del Servicio Penitenciario y al retiro de importantes funcionarios, incluyendo al exjefe Juan María Bouvier.
La corrupción y los delitos cometidos desde el interior de las cárceles cordobesas fueron motivo de atención durante años, pero recientes revelaciones llevaron la crisis a nuevos niveles.
Todo comenzó en abril, con las primeras inspecciones y la detención de 20 personas vinculadas a distintos penales. Entonces salió a la luz un mecanismo de ingeniería criminal, con la existencia de call centers tumberos y la participación activa de familiares de los internos en actividades ilegales.
Tras resultar electo, el gobernador Martín Llaryora tomó medidas drásticas: intervino el Servicio Penitenciario y pasó a retiro a importantes figuras, incluyendo a Bouvier, su segundo Víctor Hugo Vivas, la secretaria privada Silvia Barbero y el jefe de Seguridad Diego Martín Ayala. Todos ellos terminaron detenidos.
En diversos allanamientos se hallaron cinco millones de pesos, propiedades compradas en efectivo, más de 60 celulares secuestrados en un solo pabellón y la presencia de cocaína proveniente de México en la casa de la familia de un detenido.
La impunidad era tal que los internos se filmaban y subían videos a redes sociales de asados, bailes y visitas conyugales, evidenciando la falta de control y vigilancia en el sistema penitenciario.
Después de la remoción de autoridades, Llaryora designó al ex fiscal federal Gustavo Vidal Lascano como interventor. La segunda fase de la investigación se centra en una red delictiva detrás de las operaciones y maniobras extorsivas en las altas esferas del Servicio Penitenciario.
En este contexto, fue descubierto esta semana un camión con un cargamento ilícito en el ingreso a la cárcel de Bouwer, lo que se presenta como un episodio más de la compleja trama de corrupción que ha marcado el sistema penitenciario cordobés.
La unidad que transportaba carne destinada al complejo penitenciario fue interceptada con una carga clandestina: entre piezas bovinas descubrieron drogas, pastillas psicofármacas, teléfonos celulares y bebidas alcohólicas.
Este material ilícito estaba destinado a la cárcel de varones para su posterior comercialización entre los internos, generando aún más preocupación sobre la seguridad y el control dentro de las instalaciones penitenciarias.
• Clarín y La Voz