Una caminata en Traslasierra, unas semillas guardadas casi sin pensar y un árbol joven que hoy crece al borde de la Circunvalación de Córdoba resumen una historia mínima y poderosa. En los días más duros del encierro, Pame Martínez y su familia apostaron a la vida con un gesto simple: plantar y esperar.
“En mayo de 2020 fuimos con mi familia a Las Calles, en Traslasierra”, recuerda Pame Martínez, productora de Radio Mitre. Era plena pandemia y el viaje, breve y contenido, tenía algo de escapatoria emocional. Durante una caminata guiada, el grupo recibió un snack sencillo: bolsitas de cereales y semillas que incluían frutos de chañar, ese árbol nativo del oeste cordobés, espinoso, resistente y paciente.
“Nunca imaginamos que esas semillas iban a significar algo más”, cuenta. Sin embargo, al volver a casa, no las tiraron. Las guardaron. “Nos llevamos algunas y a la vuelta las plantamos y las regamos. Algunas prosperaron”, dice, como quien habla de una sorpresa que todavía emociona.
En medio de un contexto marcado por el miedo, la incertidumbre y el encierro, ver brotar algo vivo fue más que un pasatiempo. “Ese pequeño acto ya nos daba ilusión”, confiesa. Entre las plantas que lograron crecer, una en especial se volvió protagonista. Un chañar joven, todavía frágil, que pronto necesitaría más espacio.
El traslado ocurrió en octubre de 2020, cuando cada salida era una escena casi surrealista. “Plena pandemia, en una de esas ridículas salidas permitidas. Todos con barbijo”, recuerda Pame. El viaje fue austero y simbólico: una pala, un palo de escoba para hacer de tutor, unas soguitas de tela, una botella grande de agua y el árbol, que por entonces “vivía en una lata de helado”.
El destino fue una colectora de la Circunvalación de Córdoba. Allí lo plantaron. “Lo mudamos”, dice Pame con la simpleza de quien sabe que, en realidad, estaban haciendo algo más profundo. “Ese pequeño acto de fe, en esos días horribles, nos hizo mucha ilusión”, dice.
Desde entonces, el chañar se volvió parte de la familia. “Lo pasamos a visitar seguido y lo saludamos”, cuenta. “Parecemos unos tarados, pero nosotros, que conocemos su historia, lo queremos mucho. Estamos requete orgullosos”. El árbol creció. Resistió tormentas, veranos intensos y el paso constante de los autos. Siguió ahí.
Hoy, ese chañar joven ya da algo de sombra. Y no está solo. “Hasta es refugio de gorriones”, señala Pame, invitando a mirar con atención. Dos pequeños pájaros se posan en sus ramas, como una confirmación silenciosa de que el árbol encontró su lugar.
“No es la gran cosa”, reflexiona. “Pero en un mundo que muchas veces se empeña en ser una mierda, de a ratos la vida sigue siendo bella”. La frase queda flotando, simple y contundente. Como el chañar. Como esa semilla guardada sin plan, que creció cuando más falta hacía creer que algo podía crecer.
La esperanza germina
Hay historias que echan raíces. Ésta llegó a oídos de José Luis Serrano, referente cultural del Valle y voz entrañable de Doña Jovita, quien la devolvió convertida en verso, como serenata y agradecimiento, recordando que a veces la esperanza también germina:
Arbolito del camino,
que bordea la ciudad:
fuiste esperanza en pandemia
y ahora sos un guardián.
Sos un guardián para el alma,
como un mensaje de paz,
donde los nidos se sueñan
con alas y libertad.
Estos pequeños sucesos
nos han venido a salvar;
y hoy ilumina la vida
nada menos que un chañar.

