La Basílica de Nuestra Señora de los Dolores se prepara para vivir un acontecimiento de profundo valor religioso e institucional: su designación oficial como santuario diocesano, una distinción eclesiástica que reconoce al templo como un lugar donde los fieles acuden en busca de gracias especiales y donde la devoción mariana ocupa un rol central en la vida espiritual de la comunidad.
La elevación se concretará el sábado 23 de mayo, mediante un decreto que será proclamado en una ceremonia presidida por Monseñor Ricardo Araya, máxima autoridad de la diócesis. En ese mismo acto, el Padre Guillermo Bossi será nombrado formalmente como párroco del nuevo santuario, generándose así una nueva etapa para la histórica basílica.
Desde el punto de vista eclesial, la categoría de santuario implica un reconocimiento a la tradición de fe, la devoción sostenida en el tiempo y la afluencia de fieles que encuentran en ese espacio un lugar de oración, consuelo y encuentro espiritual. La figura de la Virgen María, Madre de Dios, adquiere un protagonismo especial como intercesora de las súplicas y agradecimientos de los creyentes.
En declaraciones a Radio Verdad, el Padre Bossi explicó que esta designación transformará a la basílica en un centro de peregrinación de referencia, lo que proyecta su importancia más allá del ámbito estrictamente religioso. Según señaló, los santuarios suelen integrarse a los circuitos turísticos provinciales, lo que abre una oportunidad concreta para el desarrollo local.
La incorporación al corredor turístico religioso de Córdoba podría generar un impacto positivo en la economía de la ciudad, impulsando actividades vinculadas al turismo, la hotelería, el comercio y los servicios. De este modo, la distinción no solamente fortalece la identidad espiritual de la comunidad, sino que también posiciona al templo como un punto de atracción regional.
La declaración de la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores como santuario diocesano marca un hito en su historia. Es un reconocimiento a la fe de generaciones y, al mismo tiempo, una proyección hacia el futuro, donde espiritualidad, cultura y desarrollo local confluyen en un mismo camino.

