En Traslasierra, un cultivo emblemático como la papa atraviesa un cambio silencioso pero determinante: productores locales comenzaron a incorporar riego por goteo subterráneo, una tecnología que promete triplicar la eficiencia en el uso del agua frente a los métodos tradicionales. Con el acompañamiento del INTA Villa Dolores, las primeras experiencias muestran mejoras en rendimiento, manejo y precisión, en un contexto marcado por la escasez hídrica y la necesidad de producir más con menos.
La región de Traslasierra atraviesa un proceso de reconversión silencioso, pero decisivo. Frente a un escenario de lluvias cada vez más irregulares, una demanda hídrica elevada y sistemas de riego tradicionales que ya no alcanzan, productores locales comenzaron a incorporar riego por goteo subterráneo en el cultivo de papa. La iniciativa, acompañada técnicamente por el INTA Villa Dolores, busca responder a un desafío que define el presente y futuro agrícola del valle: producir más, con menos agua.
“En Traslasierra, el riego dejó de ser una ayuda para convertirse en un factor crítico”, explica Silvana Walter, jefa de la Agencia de Extensión del INTA Villa Dolores, en una publicación oficial del Gobierno argentino. Los ciclos productivos —uno tardío, entre febrero y el invierno, y otro semitemprano, entre julio y diciembre— demandan entre 500 y 800 milímetros de agua por campaña. Hasta ahora, la región dependía del riego por surcos proveniente del Dique La Viña y de sistemas de pivote con agua subterránea. Sin embargo, la disponibilidad del recurso se redujo y la eficiencia actual, según mediciones del INTA y organismos provinciales, apenas ronda el 40% en el sistema por surcos.
El riego por goteo subterráneo comenzó entonces a ganar terreno como alternativa viable. La tecnología, que entrega el agua directamente en el perfil del suelo y reduce las pérdidas por evaporación, permite multiplicar por tres la superficie regada con la misma cantidad de agua. Además, abre una puerta al manejo de precisión: “La integración del fertirriego mejora notablemente la eficiencia del fertilizante y permite ajustar las unidades aplicadas a lo que realmente necesita el cultivo”, destaca Walter.
En los últimos dos ciclos, el INTA acompañó dos experiencias locales en campos de Los Cerrillos y San José. Los ensayos confirmaron que el ascenso capilar desde los goteros colocados a 35–40 centímetros de profundidad abastece sin problemas al sistema radical de la papa. También mostraron que la tecnología es compatible con las particularidades del cultivo: laboreo previo, siembra a 15–18 centímetros y cosecha mecanizada mediante arrancador. “Comprobamos que los laterales enterrados no interfieren con la maquinaria ni sufren daños”, remarca la extensionista.
La implementación demanda una inversión inicial considerable —represas impermeabilizadas, bomba, filtrado y distribución—, pero con una vida útil de 12 a 15 años y una eficiencia hídrica que se vuelve estratégica en un contexto cada vez más seco. Para los productores, la autonomía en la gestión del riego también marca una diferencia: ya no dependen del cronograma del consorcio y pueden aplicar el agua según la necesidad real del cultivo.
Los resultados empiezan a aparecer. En la estancia La Primavera, en San José, el productor Antonio Martínez incorporó riego por goteo enterrado en seis hectáreas de papa, acompañado por el INTA y el asesoramiento de la empresa Argeswater SRL. Según el ingeniero César Díaz Nicotra, los rendimientos proyectados para esta campaña rondan las 33 toneladas por hectárea. “Es entre un 20% y un 30 % más que las parcelas sin esta tecnología”, señala. Y subraya que el primer ciclo evaluado incluso sufrió una helada tardía, lo que limita la comparación.
La experiencia fue lo suficientemente sólida como para impulsar una ampliación: el sistema cubrirá próximamente 25 hectáreas adicionales en Los Cerrillos. Para Díaz Nicotra, el salto tecnológico no solo mejora rendimientos, sino que ordena el manejo agronómico: “Nos permite medir el agua, evaluar nutrientes, planificar la fertilización y tomar decisiones con datos locales y precisos”.
En un valle donde el acceso al agua condiciona cada campaña, el riego por goteo subterráneo aparece como una herramienta que no solamente mejora la eficiencia, sino que redefine el horizonte productivo de Traslasierra. Una tecnología costosa, sí, pero que empieza a mostrar que, en un escenario de escasez, la sostenibilidad también puede traducirse en más producción y mejores decisiones en el campo.

