Zorros, pumas, cuises y comadrejas merodean las zonas urbanas. Los expertos coinciden en que estos avistajes son cada vez más frecuentes y que representan un riesgo para la biodiversidad y también un potencial peligro para las personas.
“Hace más de 30 años que trabajo con fauna silvestre y en los últimos cinco años son más frecuentes estos encuentros de animales en zonas urbanas. Es un fenómeno mundial, consecuencia del avance de la civilización y el deterioro acelerado del ambiente. Muchos ya han aprendido a convivir con las personas, sin dejar de ser salvajes”, cuenta al tabloide La Voz Alejandra Juárez, responsable del Proyecto Carayá, un refugio cordobés para monos y pumas rescatados.
Victoria Muccillo, responsable de la Policía Ambiental del Gobierno de Córdoba, asegura al rotativo que se percibe un incremento del zorro gris en las inmediaciones de las ciudades. “El avance de las fronteras urbanas posibilitó que se volvieran más visibles y se nos revelen como una situación novedosa. En realidad, los nuevos habitantes de esos espacios somos los humanos”, asegura.
La funcionaria comenta que reciben “denuncias” sobre estos avistajes porque provocan reacciones de preocupación, empatía y molestia. “Es importante destacar que no configuran una infracción normativa de ningún tipo que habilite nuestra competencia para actuar”, aclara.
Muccillo agrega que estos encuentros también se dan entre especies predadoras y ganado o animales de granja. Éste, puntualmente, “es un conflicto que nos precede y es de muy larga data”, asegura.
Nueva convivencia
En este contexto, Muccillo sostiene: “Lo esperable sería hacernos de maneras de convivencia que permitan y promuevan un encuentro respetuoso”.
“Tenemos que pensar en un nuevo contrato con el mundo animal. La sensación es que no va a haber una vuelta atrás con el avance de la civilización sobre las áreas naturales. Entonces, por lo menos, tendríamos que tener nuevos códigos”, coincide Juárez.
Las especialistas recomiendan no proveerles alimento, agua, ni refugio a los animales silvestres. Mientras que en el caso de los ataques a animales de granja, se recomienda mantener en buen estado los cercos perimetrales y corrales para que los predadores no ingresen. Y se sugiere que se exija a los productores que dejen algunas hectáreas de monte como refugio para la vida salvaje.