Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Paradójico: Aumentan los planes asistenciales y hay más pobreza

Hace unos días, la Universidad Católica Argentina (UCA) publicó un informe en el que estima que más de la mitad de la población de la Argentina (51,7%) vive en hogares que reciben algún tipo de asistencia económica del Estado. Este valor es récord. Excluyendo la cuarentena, donde hubo paralización casi total de la actividad y se instrumentó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), nunca tanta gente había recibido asistencia desde planes sociales.

La necesidad de otorgar planes asistenciales parece casi una consecuencia necesaria de un profundo deterioro social. El Estado no se puede desentender del bienestar de la población, sobre todo los más vulnerables. Sin embargo, llama la atención que semejante despliegue no logre paliar los daños que provoca la crisis económica.

Para poner la paradoja en números, alcanza con señalar que la Argentina tiene una tasa de pobreza similar a la de 2007 (aproximadamente 40% de la población total), pero con cuatro veces más inversión en programas asistenciales. Esto denota una muy baja eficacia.

Para explicar semejante fracaso, resulta pertinente considerar dos fenómenos.

• El primero es que la política asistencial argentina tiene serios errores de diseño desde su concepción, que se potencian por severas deficiencias en la instrumentación. Particularmente dañinos son los elevados grados de discrecionalidad que dan pie al uso del asistencialismo con fines políticos.

• El segundo fenómeno muy importante es que en la actual situación fiscal, la expansión del gasto asistencial se financia con más emisión. La emisión se traslada a precios y esto erosiona los ingresos de las familias.

Así se cae en un degradante círculo vicioso. Con el objetivo de bajar la pobreza, se aumenta el gasto público. Pero como este se financia con emisión, la consecuencia es que se acelera la inflación. Como las familias más vulnerables dependen decisivamente de sus ingresos como trabajadores informales, la inflación reduce su poder de compra, lo cual provoca más aumento de la pobreza.

• Virginia Giordano, Coordinadora de IDESA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino)