Una pena de dos años y ocho meses fue la aplicada a Matías Enrique Farías por el caso que tuvo a Maxim Tabari como víctima.
En abril de 2013, esta mujer trans fue gravemente herida con un objeto contundente en Villa Sarmiento, mientras dormía en su propia cama y casa. Casi 10 años después, el juicio se desarrolló con un único imputado, encontrándose prófugo otro implicado en el hecho, que era menor de edad.
En la caratula se acusaba a Farías de homicidio en grado de tentativa, con alevosía y con concurrencia de un menor de 18 años.
Finalmente, se lo absolvió del delito de homicidio en grado de tentativa. En tanto, se lo declaró culpable de coacción, agresión, resistencia a la autoridad y lesiones leves calificadas.
Para la Mesa de Trabajo de Derechos Humanos del Valle de Traslasierra, la sentencia del juicio presidido por el Tribunal compuesto por los jueces Escudero, Ponce y Cabral, no colmó las expectativas.
Alegatos
En su alegato, la fiscal Eugenia Ferreyra desarrolló el fundamento por el cual pedía una pena para Farías de cinco años y siete meses, al entender que el imputado fue coautor de lesiones graves con alevosía y por cometer tal delito con un menor.
Consideró como agravante la calidad de los motivos por el que cometió este ilícito (venganza por anteriores problemas con la víctima), por la indefensión de Maxim (estaba durmiendo) y porque la varilla usada (de 1,10 cm de largo por 6 cm de ancho) llevaba la intención de producir daño.
La escala penal para este delito es de entre tres y 19 años. No obstante, la fiscal solicitó cinco años teniendo en cuenta que Farías, quien al momento del hecho tenía 27 años, no poseía antecedentes.
Por su parte la querella, con el abogado Germán Romero Marcón, solicitó 15 años sosteniendo que Farías es culpable de intento de homicidio calificado por alevosía, con el agravante de utilizar un menor y por mediar odio de género.
Acusó a Farías de ser coautor penalmente responsable y solicitó también investigar el incumplimiento de funcionarios públicos, policías y agentes del poder judicial, que instruyeron esta causa “sin las pruebas necesarias”, argumentando que no hay foto del lugar donde se cometió el delito, no consta la historia clínica de la víctima y no existe la varilla con que se la golpeó, porque se perdió.
En el alegato de la defensa realizada por el abogado Juan Pablo Bastos, se puso en duda todo lo presentado tanto por la fiscal como por la querella.
Según informó Derechos Humanos, se consideró que el sobrino de Farías, Axel Farías, cometió la golpiza, y se expuso que ningún testigo testimonia que Farías estaba en la habitación donde se produjo el ataque. En definitiva, la defensa puso en duda cada una de las acusaciones hechas contras su cliente y pidió la absolución o una mínima pena de tres años.
Últimas palabras
Maxim dio sus últimas palabras para desmentir cuestiones que oyó durante los alegatos, ya que no pudo estar presente en ninguna audiencia (determinación hecha por el Tribunal, la defensa y la fiscal).
“No habló de todo lo que ha sentido durante estos 10 años de espera, ni de lo que sintió en estos días desde que comenzó el juicio. Quiso aprovechar para desarmar tanto testimonio incompleto”, informó Derechos Humanos.
En el último día del juicio, se le preguntó al imputado si quería expresarse y dijo: “Soy inocente”.
Descontento
Derechos Humanos lamentó, a través de un comunicado, la sentencia del juicio con jurado popular: “De la fractura de cráneo a Maxim, de sus secuelas post traumáticas: nada. No se habló de nuevo juicio, ni de buscar al menor que nunca fue llamado a testimoniar, aunque un testigo dijo oír el golpe que rompía un hueso, otro describió la sangre por todos lados en la habitación y el colchón, otro describió la varilla quebrada al medio, otros llamaron a la policía, a los bomberos, la llevaron al hospital y de ahí la derivaron a un hospital de Córdoba porque corría riesgo de muerte”.
“De eso no se habló en la sentencia”, fustigó la organización que acompañó a la víctima en todo este proceso judicial.

