Investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba determinaron el impacto directo que el aumento de las temperaturas tiene en la propagación de la enfermedad: afirman que se requieren como mínimo 15 días con frío para acabar con los mosquitos y estiman que la actividad del vector llegará hasta finales de mayo.
Un estudio publicado recientemente sobre la relación entre variables climáticas y su incidencia en los casos de dengue en Argentina determinó que el aumento de las temperaturas en el territorio nacional influye directamente en la suba sostenida de infectados que se viene registrando en el país durante los últimos años.
Elizabet Estallo, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y coautora del estudio, indica que son las temperaturas mínimas en aumento las que determinan que los mosquitos estén activos más tiempo ya que el número de días con temperaturas óptimas para la transmisión del virus del dengue también aumenta.
“El umbral de temperaturas mínimas para Córdoba está alrededor de los 12°C grados. Tendría que haber una temperatura menor a esa, y sostenida en el tiempo, para que el aedes aegypti se inactive, deje de poner huevos y se corte el ciclo. Los mosquitos se refugian adentro de las casas abajo de una silla, de una mesa, de una cama y cuando vuelve el calor salen de nuevo, Por eso un solo día frío no alcanza, deben ser como mínimo 15 días”, explica Estallo en declaraciones al rotativo a La Voz.
La especialista refiere que al tener más meses del año con mínimas superiores a ese umbral el vector prolonga su actividad y que en la actualidad se registraría hasta finales de mayo. Además, de acuerdo con las pruebas de laboratorio, el mosquito vive un mes completo, período en el que puede infectar a un gran número de personas e incrementar considerablemente el número de casos.
En su trabajo, la científica y un equipo de investigación compararon y analizaron cómo se comportaron las variables climatológicas (temperatura y precipitación), epidemiológicas (número de casos de dengue reportados) y biológicas (rangos de temperatura óptimos para la transmisión del mosquito) en períodos históricos.
“Vimos que los casos de dengue informados y su expansión hacia regiones en las que antes no había circulación del virus tienen más relación con el aumento de las temperaturas y no tanto con el aumento de las precipitaciones ni sus anomalías, lo cual no quiere decir que las lluvias no afecten al insecto”, precisa la investigadora.
Las conclusiones del trabajo indican asimismo que la cantidad de días con temperaturas óptimas para la transmisión del dengue viene aumentando desde 1976, así como la cantidad de meses con clima ideal para la transmisión, aunque en este caso en menor medida.
De todas maneras, la especialista insiste en el rol clave de la comunidad para detener esta proliferación de la enfermedad. “Más que hablar de cambio climático, deberíamos poner el foco en la conciencia ciudadana porque si hoy las temperaturas se detuvieran y dejaran de aumentar igualmente las condiciones para que el dengue avance ya están dadas y todo depende de nuestra actitud como sociedad, que es lo que está fallando”, plantea.