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Voces de barro: las entrevistas que rescatan la memoria alfarera de Traslasierra

Un conjunto de entrevistas realizadas en 1963 por la antropóloga Ana Montes a ceramistas de Mina Clavero vuelve a la luz como pieza documental clave para comprender la vida serrana, el trabajo artesanal y las desigualdades que atraviesan a las economías populares de Traslasierra. El material, preservado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, revela un paisaje social que, pese al tiempo, sigue interpelando el presente.

En abril de 1963, la antropóloga Ana Montes recorrió las laderas de Mina Clavero con una grabadora a cinta como herramienta de campo y un objetivo: registrar la voz viva de las y los ceramistas de Traslasierra. Aquellas entrevistas –transcriptas luego en mecanografías corregidas a mano, según detalla la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba– fueron la materia prima del artículo La cerámica de Mina Clavero (Gazetica, 1964) y del documental Ceramiqueros de Traslasierra (1965), dirigido por Raymundo Gleyzer.

Hoy, seis décadas más tarde, ese archivo se resignifica: no solamente narra un oficio, sino un modo de vida serrano y las tensiones económicas y culturales que lo rodearon.

Las entrevistas compiladas por Montes abarcan distintos puntos de la sierra y recuperan las voces de Raquel Guzmán, Maximiliano y María Clavero, y Alcira López de López, quienes trabajaban la cerámica desde sus casas, puestos de venta y talleres improvisados junto a los caminos. En los registros aparecen coordenadas precisas, como “Km 126” o “Puente del Cura”, que anclan geográficamente un paisaje productivo que se sostenía entre el turismo naciente y la economía doméstica.

El cuestionario de Montes buscaba más que describir técnicas: apuntaba a retratar una cultura material, la creatividad cotidiana y las condiciones reales del trabajo artesanal. En sus relatos, las alfareras describen la dureza del oficio sin romantizaciones. Una de ellas afirma que hace cerámica “porque tiene que hacerla”, y que, si pudiera, trabajaría como “mucama”. Alcira, figura central del documental, aporta una mirada distinta: el trabajo le gusta, pero reconoce que el pueblo le queda lejos y que la actividad no siempre permite vivir dignamente.

Como señala la propia Montes en su artículo –citado en el documento–, la cerámica transerrana era un “arte humilde, hijo de la extrema necesidad”, atravesado por la dificultad de fijar precios justos frente a un mercado que desvalorizaba estas producciones. Esas tensiones siguen vigentes: hoy, muchas familias serranas del noroeste cordobés continúan dependiendo de actividades artesanales que aportan identidad y atractivo turístico, pero dejan escaso margen de ganancia.

El valor documental de estas entrevistas también reside en su forma. Montes transcribió respetando la fonética del habla chuncana, preservando modismos, acentos y giros lingüísticos. Leerlas hoy es, en cierto modo, escuchar aquellas voces.

Este conjunto de materiales integra el Fondo Documental Ana Elsa Montes de González, ingresado al Museo de Antropología entre 2021 y 2024. Fotografías, guiones y copias del documental acompañan este legado que no solo ilumina la vida serrana de los años ‘60, sino que permite pensar continuidades y rupturas en el oficio antropológico.

La recuperación de estas piezas no es simplemente un ejercicio de memoria: es una herramienta para leer el presente de Traslasierra, sus economías populares y las desigualdades persistentes. Un recordatorio de que en cada vasija, cada horno y cada mano de barro late una historia que el tiempo no logra apagar.