La historia de la vitivinicultura en Villa Dolores está marcada por el esfuerzo y la dedicación de generaciones de productores. Desde los primeros pasos de Pedro Salas, pionero en la zona, hasta el crecimiento de bodegas emblemáticas como El Carrizal y la fraccionadora Nardo, esta actividad ha sido clave en la identidad local. A lo largo de los años, la historia de la vitivinicultura en ha trascendido dificultades y ha dejado un legado de perseverancia y calidad.
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La historia de la vitivinicultura en Villa Dolores representa un legado de esfuerzo y perseverancia que ha trascendido generaciones. Desde principios del siglo XX, este rincón de Córdoba ha sido testigo de la dedicación de aquellos que, con valentía y trabajo incansable, posicionaron en su momento a la ciudad como un referente regional en la elaboración de vino.
Pedro Salas, pionero del vino
En noviembre de 1919, un joven Pedro Salas, con apenas 19 años, llegó a Villa Dolores cargado de sueños e ilusiones. Proveniente de un país marcado por las dificultades, encontró en este rincón del interior argentino una nueva oportunidad. En sus primeros años, se dedicó a vender vino y conservas, con el tiempo sumando a su producción la fabricación de hielo. El esfuerzo y la calidad de su trabajo no tardaron en rendir frutos, y en 1922, en la Exposición Internacional de Río de Janeiro, Salas recibió un merecido premio por la calidad de su producto.
En 1946, su pasión por la vitivinicultura lo llevó a adquirir una viña en Paso de Fátima, perteneciente a Diosdado Osuna. Con diez hectáreas de viñedos, Salas fundó una bodega que rápidamente se destacó en la región. Sus vinos, como el Criollo, Moscatel Especial y Clarete Especial, comenzaron a ganar popularidad, siendo la producción local respaldada por el 40% de pequeños productores de la zona. A través de sus contactos en Mendoza, Salas adquirió botellas, damajuanas y otros insumos, lo que le permitió transportar hasta 280,000 litros de vino por año.
A pesar de los numerosos desafíos, como las enfermedades de la vid y las inclemencias climáticas, Salas logró mantener una producción constante. El trabajo era arduo y comprometido, pero involucraba a toda la familia, que participaba activamente en cada fase del proceso.
El Carrizal, una bodega con historia
La bodega «El Carrizal», ubicada al pie de las Sierras Grandes, es otro emblema de la vitivinicultura en Traslasierra. A pesar de que su capacidad alcanzaba los 85.000 litros, su producción anual se mantenía en unos 30.000 litros de vino especial. Esta bodega, en un entorno natural privilegiado, fue testigo del paso del tiempo, y su historia está íntimamente ligada a la tradición vitivinícola local.
La Fraccionadora Nardo
En las décadas de 1950 y 1960, la fraccionadora «Nardo» se convirtió en un símbolo de la economía local (foto). Fundada por Carlos Contursi y Bevilaqua, la empresa adquiría vino de la famosa bodega Furlotti en Mendoza, y lo transportaba por ferrocarril a Villa Dolores. Con un sistema único de vinoducto, el vino llegaba a las instalaciones de la fraccionadora, lo que consolidaba el crecimiento de la industria local. Además, la empresa se destacó por su preocupación por la formación de sus empleados, especialmente las mujeres, quienes desempeñaron un rol fundamental en el éxito del emprendimiento.
Cambios en el sector
En 1984, la Ley 23.149 marcó un antes y un después en la vitivinicultura nacional, estableciendo que el fraccionamiento del vino debía realizarse exclusivamente en las zonas de origen de la producción de uvas. Esta ley respondió a los reclamos de los productores cuyanos, aunque el consumo de vino en el país comenzaba a decrecer.
La búsqueda de la excelencia
Los viticultores de Villa Dolores demostraron un compromiso inquebrantable con la calidad de su vino. Desde notas dirigidas a expertos en viticultura, hasta la elaboración de jugo de uva como alternativa, los productores locales siempre han buscado formas innovadoras de enfrentar las dificultades del sector. Aunque el costo de la plantación por hectárea era un gran desafío, los viticultores seguían adelante, con la esperanza de mantener la producción viva y próspera.
La historia de la vitivinicultura en Traslasierra es una prueba del esfuerzo colectivo y la pasión por la tierra. Con el tiempo, el vino ha dejado de ser sólo una bebida, convirtiéndose en un símbolo de la identidad y el esfuerzo de los que hicieron posible este legado, que actualmente encuentra un presente y un futuro promisorio en varias bodegas instaladas en esta hermosa región de Córdoba.
• Los datos históricos documentados en este artículo fueron suministrados por la magister María del Carmen Marietan.