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Traslasierra: La vida entre malhechores, labriegos y un paraíso por conquistar

Cuando el Marqués de Sobremonte describió en 1797 a Traslasierra como “un paraje de suma fertilidad y hermosura”, imaginaba un futuro prometedor para este rincón cordobés. Sin embargo, aquella visión utópica se enfrentó con las complejidades de la vida rural, las cuales marcaron profundamente la historia de la región.

De acuerdo a datos proporcionados por María del Carmen Marietan, Sobremonte informaba a su sucesor, el coronel José González, que aún no se habían definido los límites del área, pero confiaba en que “pobladores voluntarios” serían atraídos por la bondad de estas tierras. El paso del tiempo, sin embargo, reveló que el desarrollo no sería tan sencillo. Entre 1820 y 1821, según el historiador Víctor Barrionuevo Imposti, Traslasierra se convirtió en refugio para desertores que buscaban escapar de las autoridades militares. Muchos de ellos, que transitaban hacia La Rioja o se escondían en las sierras, protagonizaban episodios de delincuencia y “pillaje”, una palabra que se volvió habitual en los informes judiciales de la época.

El desorden y la ley del más fuerte

La situación se tornó tan alarmante que, según consta en documentos de 1825, el juez de Chancaní denunciaba que ladrones provenientes de provincias vecinas llegaban con el propósito de robar ganado. En localidades como Luyaba y San Javier, las agresiones relacionadas con el consumo de alcohol y la falta de educación eran moneda corriente. Incluso jóvenes casados e indigentes protagonizaban robos de caballos, vacunos y cultivos para subsistir.

Curiosamente, los mayores desórdenes no siempre provenían de los malhechores comunes. Sargentos y cabos del ejército, aprovechando su rango, desafiaban la autoridad de los jueces civiles. Este panorama, a primera vista caótico, convivía con una pujante actividad agrícola que llamó la atención de Vicente Alcalde Espejo en 1870. Al visitar Traslasierra, destacó que el Departamento San Javier lideraba la producción agraria en las sierras cordobesas, aunque las técnicas empleadas seguían siendo rudimentarias.

Un pueblo vigoroso y un mestizaje único

El viajero también observó el mestizaje entre europeos, pueblos originarios y afrodescendientes, que dio lugar a una población vigorosa pero, en sus palabras, “desapacible”. Para Alcalde Espejo, la solución era clara: la educación. Propuso la creación de seis escuelas adicionales, dos para varones y cuatro para niñas, convencido de que solo la instrucción podía transformar la realidad social de Traslasierra.

Inseguridad y adversidades naturales

Fernando Javier Remedi, otro cronista de la época, señalaba que los riesgos en la vida rural no solamente provenían de los hombres, sino también de la naturaleza. Langostas, vientos huracanados, incendios y lluvias torrenciales destruían en minutos el esfuerzo de los agricultores. Los robos, aunque frecuentes, eran menos comunes en las humildes viviendas rurales, según Remedi, dado el escaso valor de las pertenencias.

Las comunidades rurales no se quedaban de brazos cruzados: implementaban medidas de protección como cerraduras, candados, armas y perros. Aun así, la vastedad del territorio jugaba a favor de los maleantes, que escapaban fácilmente por los inhóspitos caminos de la región.

Un punto de inflexión: El Camino de las Cumbres

El escenario comenzó a cambiar en 1915 con la inauguración del Camino de las Cumbres, una obra promovida por el gobernador Ramón J. Cárcano. Este avance mejoró la comunicación entre Traslasierra y el resto de la provincia. Con esta infraestructura, comenzó a dejar atrás parte de sus sombras y consolidó su camino hacia el desarrollo. Hoy, recorrer sus paisajes y revivir su historia es asomarse a un pasado donde la lucha por el progreso nunca dejó de latir.