El suicidio sigue siendo una problemática silenciada y sin respuestas efectivas en nuestra sociedad. A pesar de los antecedentes y el impacto que ha tenido en comunidades como San Pedro y Villa Dolores, la salud mental continúa sin ser una prioridad en las políticas públicas. La prevención debe ser un compromiso colectivo y sostenido en el tiempo.
A principios de 2013, la comunidad de San Pedro se vio sacudida por una serie de suicidios que dejaron una profunda marca en la memoria colectiva. Cuatro jóvenes decidieron quitarse la vida en un lapso breve, generando una consternación que movilizó a toda la sociedad. En medio del desconcierto, la entonces intendenta Emilia Calvo clamó ayuda al Ministerio de Salud de la Provincia, buscando asistencia psicológica para su comunidad. La situación era tan alarmante que alrededor de 2.000 personas salieron a las calles en una marcha de concientización y apoyo, exigiendo medidas concretas para prevenir más tragedias.
Lo sucedido encendió una alarma en toda la región. Se habló de la necesidad de un abordaje integral, de la importancia de sumar esfuerzos desde distintos sectores: escuelas, centros de salud, instituciones religiosas y culturales. Se coincidió en que la prevención debía ser una tarea colectiva y sostenida en el tiempo. Pero con el paso de los años, la urgencia se desvaneció y la promesa de un trabajo a largo plazo quedó inconclusa. El tema, incómodo y difícil, se silenció.
La prevención del suicidio sigue sin ser prioridad en nuestra sociedad. La salud mental, lejos de ser un derecho garantizado, se mantiene al margen de las políticas de Estado. La falta de sensibilización y el estigma que rodea al suicidio han contribuido a que el problema persista sin respuestas efectivas. La escasez de profesionales en salud mental, la falta de recursos para brindar atención psicológica accesible y la ausencia de campañas masivas de concientización han dejado a muchas personas sin el acompañamiento necesario para atravesar crisis emocionales.
La pasada semana, la comunidad de Villa Dolores volvió a enfrentarse a esta dura realidad. Un vecino de barrio Los Olivos fue hallado sin vida en su domicilio. Su hija, preocupada por su prolongada ausencia, descubrió la trágica escena. Según declaró a Radio Verdad la fiscal María Ferreyra, el hombre de 61 años padecía depresión y ya había intentado quitarse la vida en el pasado. A pesar de los signos de alerta, su sufrimiento no pudo ser contenido a tiempo.
Estos casos nos recuerdan que el suicidio no es un hecho aislado ni impredecible. Existen señales de advertencia y factores de riesgo que pueden ser detectados a tiempo si se cuenta con un entorno atento y una red de contención efectiva. La falta de acceso a tratamientos psicológicos, la precarización laboral, los problemas familiares y el aislamiento social son algunos de los factores que inciden en la desesperanza y en la decisión de una persona de terminar con su vida.
Desde organismos internacionales hasta especialistas en salud mental, se ha enfatizado en la importancia de hablar sobre el suicidio con responsabilidad, evitando el sensacionalismo, pero promoviendo el acceso a la información y a la ayuda profesional. La prevención requiere del compromiso de todos los actores sociales: desde las familias hasta las autoridades gubernamentales, pasando por las escuelas, los centros de salud y las organizaciones comunitarias.
No podemos permitir que el olvido nos gane la batalla. Hablar sobre el suicidio con responsabilidad, promover la contención emocional y exigir políticas públicas eficaces es una tarea de todos. Porque cada vida cuenta y cada prevención es una oportunidad de salvarla.
Es fundamental que aquellas personas que atraviesan una situación límite se animen a hablar con alguien. Compartir lo que sienten puede marcar la diferencia y salvarles la vida. Nadie está solo en este camino, y buscar apoyo puede ser el primer paso para encontrar una salida.
Es momento de que la sociedad y el Estado asuman la prevención del suicidio como una prioridad. Se necesita una estrategia clara y efectiva que incluya asistencia psicológica accesible, capacitación en salud mental en todos los ámbitos y campañas de concientización para eliminar el tabú que aún rodea a este tema. Sólo así podremos evitar que más familias atraviesen el dolor de una pérdida evitable y que más personas encuentren en el acompañamiento una salida antes de tomar una decisión irreversible.
• El Ciudadano.