La comunidad de San Carlos Minas vivió una jornada de profunda significación espiritual con la entronización de una imagen del Beato Carlos de Dios Murias, acompañada por una reliquia de primer grado, en la Parroquia Inmaculada Concepción de María. El gesto litúrgico, presidido por monseñor Ricardo Araya, reforzó el vínculo histórico y afectivo entre el mártir y la tierra que lo vio crecer y discernir su vocación.
La celebración incluyó un camino comunitario que comenzó con un espacio de reflexión en la escuela primaria local, donde se meditó sobre la vida y el testimonio de los mártires. Luego, la imagen del beato fue llevada en procesión por las calles del pueblo hasta el templo parroquial, en un clima de recogimiento y gratitud. La misa culminó con la entronización de la imagen y las reliquias, momento central de una jornada vivida con emoción por vecinos que conservan recuerdos personales del padre Carlos y de su familia.
Durante la homilía, el obispo destacó el compromiso evangélico del Beato Murias y su fidelidad al mensaje del Evangelio hasta las últimas consecuencias. En ese marco, elevó una oración especial por los jóvenes de la diócesis, invitándolos a descubrir en la vida del beato un ejemplo de coherencia, entrega y esperanza.
Carlos de Dios Murias nació en Córdoba en 1945, pero San Carlos Minas ocupó un lugar clave en su historia personal. Allí pasó temporadas durante su adolescencia y residió algunos meses en su juventud, colaborando en tareas rurales mientras discernía su camino. Tras dejar sus estudios de ingeniería, ingresó a la Orden de los Franciscanos Menores Conventuales y fue ordenado sacerdote en 1972 por monseñor Enrique Angelelli. En 1976 fue destinado a Chamical como vicario parroquial.
Ese mismo año, luego de despedir a su padre fallecido en San Carlos Minas y celebrar la Eucaristía junto al padre Gabriel Longueville, ambos sacerdotes fueron secuestrados y martirizados en La Rioja. Su testimonio de fe quedó inscripto en la historia de la Iglesia argentina.
La entronización de la imagen del Beato Carlos Murias adquiere un valor especial en el contexto del año jubilar conmemorativo decretado en La Rioja por los 50 años del martirio de Angelelli, Murias, Longueville y el laico Wenceslao Pedernera. San Carlos Minas se suma así a las celebraciones, revalidando la memoria, el legado y la vigencia de un testimonio que sigue interpelando a la comunidad y a las nuevas generaciones.

