La donación de 47.600 hectáreas por parte de Aves Argentinas permitirá que el Parque Nacional Traslasierra – Pinas alcance casi 92 mil hectáreas protegidas. La ampliación apuntala una de las áreas de conservación más estratégicas del país, fortalece la defensa del Chaco seco serrano —una de las ecorregiones menos representadas— y abre una nueva etapa para la puesta en valor ambiental, histórica y cultural de la emblemática Estancia Pinas.
La superficie del Parque Nacional Traslasierra – Pinas está a punto de dar un salto histórico. Con la incorporación de 47.600 nuevas hectáreas, el área protegida ubicada en el departamento Minas, al noroeste de Córdoba y en el límite con La Rioja, prácticamente duplicará su tamaño y alcanzará unas 91.600 hectáreas bajo protección nacional. La ampliación, impulsada por la organización Aves Argentinas, fortalece al parque como uno de los principales refugios del Chaco seco serrano, un ecosistema frágil y escasamente representado en el sistema de áreas protegidas de la Argentina.
La operación se concretó en diciembre de 2025, cuando Aves Argentinas adquirió una porción significativa de la histórica Estancia Pinas. La donación formal de esas tierras al Estado nacional está prevista para febrero, momento en el que pasarán al dominio público y quedarán bajo la órbita de la Administración de Parques Nacionales (APN), con la máxima categoría de protección ambiental.
Desde la organización conservacionista destacan el alcance estratégico de la medida. El director ejecutivo de Aves Argentinas, Hernán Casañas, subrayó a la prensa capitalina que se trata de asegurar la preservación de un ecosistema altamente vulnerable. En la misma línea, Martín Cascone, coordinador general y responsable legal del programa Tierras Córdoba, explicó que la creación del parque fue un proceso progresivo: primero se incorporaron 28 mil hectáreas, luego 16 mil en 2020, y finalmente esta última y decisiva ampliación.
La relevancia de la zona no se limita a su extensión. El Chaco seco serrano cumple un rol clave como corredor biológico y como refugio de biodiversidad. En este territorio conviven bosques nativos maduros y especies de flora y fauna que han sufrido históricamente la presión del avance productivo, los desmontes y los incendios. Quebrachos, algarrobos, chañares, molles y talas conforman el paisaje vegetal, mientras que la fauna incluye especies emblemáticas y amenazadas como el águila coronada, el pecarí chaqueño, el chancho quimilero y la tortuga terrestre.
La ampliación del parque es el resultado de un trabajo articulado entre Aves Argentinas, la comunidad científica cordobesa, el Gobierno provincial, la APN y organizaciones internacionales como World Land Trust y Wyss Foundation, que aportaron los fondos para la compra de las tierras. No es la primera vez que estas entidades apoyan iniciativas de conservación en Córdoba: también fueron esenciales en la creación del Parque Nacional Ansenuza.
Pero Traslasierra – Pinas no es sólo naturaleza. La Estancia Pinas posee un valor histórico singular. Su nombre proviene del dialecto comechingón y significa “Punta de Sierra”. A lo largo de los siglos, fue escenario de distintas etapas productivas y sociales. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, perteneció a figuras como Lisandro de la Torre, quien impulsó la llegada de un ramal del ferrocarril Belgrano al interior del campo, del que aún sobreviven vestigios.
La nueva etapa del parque contempla, además, la restauración del casco histórico de la estancia, ubicado al pie del volcán Yerba Buena, en las Sierras de Guasapampa. El objetivo es revalorizar el patrimonio cultural y mejorar el uso público, con infraestructura adecuada que permita visitas, educación ambiental y turismo responsable, sin comprometer la conservación.
Creado oficialmente en 2018, tras la cesión de jurisdicción ambiental por parte de la Legislatura provincial, el Parque Nacional Traslasierra – Pinas es el más joven de Córdoba. Con esta ampliación, deja de ser una promesa para convertirse en un actor central de la política de conservación nacional: un territorio donde la protección del ambiente, la memoria histórica y el desarrollo sostenible empiezan a caminar juntos.

