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Clima: El fenómeno de El Niño llega con un ardiente pronóstico

Con la llegada del fenómeno de El Niño se espera que en los próximos años esta región padezca un incremento en las ya altas temperaturas.

Uno de los fenómenos que se instaló con el cambio climático son las olas de calor, un aspecto del calentamiento global que, si bien afecta a todos los países, impacta de diferente manera según la región que se analice.

Sobre esta problemática, a pesar de que transitamos el invierno, se empieza a hablar con extrema preocupación ante la futura llegada de las estaciones calurosas.

Es que según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), los países ubicados en la parte sur de América del Sur, entre ellos Argentina, son especialmente vulnerables a estos episodios de tres días con temperaturas especialmente altas.

La académica en salud pública y cambio climático Yasna Palmeiro-Silva, del University College London, detalla que «si consideramos las proyecciones climáticas que van en línea con la cantidad de CO2 que emitimos se espera que las olas de calor sean más frecuentes, más intensas y más prolongadas”.

Lo que se prevé para los próximos años es desalentador debido a que la llegada del fenómeno de El Niño pronostica un escenario propicio para olas de calor extremas.

«Aunque la evidencia científica no ha determinado si hay una estrecha relación entre el fenómeno de El Niño y el cambio climático, lo que vemos es que hay una interacción entre el aumento de las temperaturas atmosféricas globales, marinas y El Niño. Si ya tenemos olas de calor aumentado se esperaría que las temperaturas sean extremas en el hemisferio sur a partir de septiembre, algo que se podría prolongar por hasta cuatro años”, dice Yasna Palmeiro-Silva.

¿Qué medidas se toman?

Los efectos que subyacen a las olas de calor son múltiples, afectando y poniendo en riesgo distintos aspectos la vida humana.

«El impacto que provocan estas olas de calor depende mucho de la vulnerabilidad en la que se encuentran los países, porque la amenaza no sólo se reduce a golpes de calor, sino que también a efectos en los ecosistemas de los cuales dependemos, lo que se traduce en problemas en la producción agrícola y en la transmisión de enfermedades provocadas por picaduras de mosquitos, como el dengue, por ejemplo”, detalla Palmeiro-Silva.

Generalmente se despiertan las alarmas cuando los fenómenos ya afectan a la población y, después, quedan un poco en el olvido. Es decir, que hay una política de reacción más que de prevención, lo cual resta eficacia para enfrentar este tipo de fenómenos que están a un par de meses de probable ocurrencia.

• Fuente: DW