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APA La Viña cumple 80 años: historia, pesca y identidad en Traslasierra

Entre anzuelos, mates compartidos y silencios atentos al río, la Asociación de Pescadores Aficionados La Viña celebra ocho décadas de vida. Un club nacido cuando el dique era novedad y el valle soñaba futuro, que hoy sigue siendo refugio, identidad y memoria colectiva de Traslasierra.

El sábado 24 de enero no fue una fecha más para el Valle de Traslasierra. La Asociación de Pescadores Aficionados “La Viña” (APA) cumplió 80 años de actividad ininterrumpida, una trayectoria que atraviesa generaciones, gobiernos, crisis y transformaciones profundas, pero que conserva intacta una esencia: la unión de personas alrededor del agua, el deporte y el cuidado del entorno.

La historia comenzó en 1946, cuando el Dique Medina Allende —por entonces una obra colosal— despertaba asombro y expectativas en la región. El lago abría un mundo nuevo de posibilidades recreativas y deportivas, en una época en la que hablar de turismo, ambiente o tiempo libre organizado era casi una rareza. En ese contexto fundacional, un grupo de entusiastas se reunió en el Dancing Alhambra, un espacio social emblemático de Villa Dolores, y decidió dar forma a una institución que marcaría época.

Allí fue elegido como primer presidente Martín Ferreyra, quien condujo los pasos iniciales de un club que nacía pequeño, pero con una visión amplia. Sin saberlo del todo, aquellos pioneros estaban sembrando una de las bases institucionales más sólidas de las llamadas “tierras del porvenir”, cuando Traslasierra todavía se pensaba a sí misma.

Los primeros años no fueron sencillos. Como toda institución que se construye desde abajo, APA La Viña, hoy presidida por Gabriel Suau, atravesó los vaivenes de la historia argentina y transerrana: tiempos de crecimiento y de repliegue, de entusiasmo y de resistencia. Sin embargo, el club nunca dejó de avanzar. Paso a paso, con esfuerzo colectivo y una vocación persistente, fue afianzándose hasta convertirse en uno de los referentes provinciales en pesca deportiva y recreación vinculada al agua.

Hoy, a ocho décadas de aquel encuentro fundacional, APA La Viña es mucho más que un club. Además de su sede institucional en Villa Dolores, cuenta con tres espacios emblemáticos que hablan de una gestión sostenida en el tiempo: APA 1, cercano al murallón del Dique Medina Allende; APA 2, en el paraje Tajamar, en Las Rabonas; y APA 3, en Boca del Río. Cada uno de esos lugares guarda historias de madrugadas frías, torneos, asados, charlas interminables y aprendizajes compartidos.

Nada de eso fue casual. Detrás de cada mejora, cada infraestructura y cada espacio ganado, hay cientos de asociados que pasaron por la institución y miles de colaboradores anónimos que aportaron tiempo, trabajo y recursos. Personas que entendieron que APA no era un club más, sino un patrimonio del valle, una construcción colectiva que debía trascender nombres y épocas.

APA La Viña también fue, mucho antes de que se hablara de sostenibilidad, una escuela silenciosa de respeto por la naturaleza. La pesca responsable, el cuidado del agua y la convivencia armónica con el entorno formaron parte de su ADN cuando esos valores aún no ocupaban el centro de la agenda pública.

En sus 80 años, el club fue testigo del crecimiento de Villa Dolores, del cambio en los hábitos sociales y de la llegada de nuevas generaciones que encontraron en APA un lugar de pertenencia. Padres que llevaron a sus hijos, hijos que volvieron con sus propios hijos, y así una cadena invisible que une pasado, presente y futuro.

APA La Viña es, en definitiva, historia viva de Traslasierra. Un ejemplo de lo que puede lograrse cuando la unión de voluntades se sostiene en el tiempo. En cada costa, en cada sede y en cada recuerdo compartido, late el espíritu de aquellos pioneros de 1946.

Ochenta años después, el agua sigue corriendo. Y APA La Viña, fiel a su origen, sigue ahí: acompañando, cuidando y siendo parte del paisaje humano del valle.

Qué pescar

En el Dique Medina Allende, la pesca está habilitada exclusivamente en horario diurno y ofrece una variedad de especies que forman parte de la tradición local. Entre las más buscadas se encuentran el pejerrey, el bagre, la tararira, el dientudo, la carpa y el chato, todas aptas para el consumo. El espejo de agua también alberga tortugas. También está la opción de Boca del Río, donde se encuentra la trucha y la perca.