El año 2025 dejó en evidencia un crecimiento alarmante de las estafas digitales, cada vez más sofisticadas y extendidas, que aprovecharon redes sociales, inteligencia artificial y la confianza de los usuarios. Desde videos falsos con figuras públicas hasta campañas solidarias fraudulentas y phishing masivo, los delincuentes explotaron múltiples vías para obtener datos personales y financieros. La prevención, la verificación de fuentes y la educación digital son claves para protegerse frente a un fenómeno que sigue en aumento.
El año 2025 dejó en evidencia una problemática que continúa en expansión: las estafas digitales. Lejos de ser hechos aislados, las maniobras fraudulentas se multiplicaron y se volvieron cada vez más sofisticadas, aprovechando el uso intensivo de redes sociales, la inteligencia artificial y la confianza de los usuarios.
Los datos oficiales permiten dimensionar el fenómeno. En la Argentina, durante 2024 —último registro consolidado— se denunciaron más de 34.000 delitos informáticos, lo que representó un incremento superior al 21% respecto del año anterior, según la Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI). Todo indica que en 2025 la tendencia se mantuvo en alza.
Una de las modalidades más impactantes fue el uso de videos generados o manipulados con inteligencia artificial, en los que se utilizó la imagen de políticos, deportistas y artistas para promocionar supuestas inversiones de alta rentabilidad. Estas piezas, difundidas en redes sociales, prometían ganancias extraordinarias y redirigían a sitios falsos donde se solicitaban datos personales y bancarios.
Otra estrategia recurrente fue el aprovechamiento de causas solidarias. Emergencias climáticas y proyectos científicos de alto interés público fueron utilizados como excusa para difundir alias bancarios apócrifos y campañas falsas de donación. En varios casos, organismos oficiales debieron salir a desmentir públicamente estos pedidos.
El phishing continuó siendo una de las herramientas más utilizadas. Correos electrónicos y mensajes que simulaban provenir de organismos estatales, plataformas oficiales o empresas de servicios alertaban sobre supuestas deudas, multas o cortes, e incluían enlaces diseñados para robar información sensible.
También se detectaron estafas que imitaban comunicaciones de empresas de logística y redes sociales, con mensajes que advertían sobre envíos retenidos o cuentas a punto de ser suspendidas.
Especialistas coinciden en que la clave para reducir el riesgo sigue siendo la prevención: desconfiar de promesas de dinero fácil, verificar fuentes oficiales, no ingresar datos personales desde enlaces sospechosos y reforzar las medidas de seguridad digital.
Las estafas de 2025 dejaron una enseñanza clara: la tecnología avanza, pero también lo hacen los métodos del engaño. La información y la cautela siguen siendo las principales herramientas de defensa.

