Los accidentes graves en las primeras horas del sábado y el domingo se repiten con una regularidad inquietante. Un reciente choque en Villa Dolores expone una problemática que combina tránsito liviano, exceso de confianza y consecuencias que suelen ser irreversibles.
Las calles parecieran en calma cuando el reloj marca las primeras horas del fin de semana. Los comercios están cerrados y la ciudad da la sensación de haberse tomado un respiro. Sin embargo, esa aparente quietud suele convertirse en un escenario de alto riesgo, más aún cuando se combina con personas que transitan luego de una noche de fiesta.
En Villa Dolores, como en muchas ciudades del interior, las madrugadas de sábado y domingo concentran algunos de los siniestros viales más graves.
Un reciente choque ocurrido en la intersección de 25 de Mayo y Antonio Torres, poco después de las siete de la mañana del pasado domingo, vuelve a encender las alarmas.
Una camioneta y una motocicleta colisionaron y el conductor del rodado menor terminó internado con lesiones severas: contusión pulmonar y fracturas múltiples. Un hecho que, aunque puntual, sintetiza una tendencia que se repite.
En estos horarios confluyen varios factores: menor control del tránsito, velocidades más altas por calles despejadas, cansancio acumulado y, en algunos casos, consumo de alcohol durante la noche previa. A eso se suma la vulnerabilidad de motociclistas, quienes absorben de manera directa la energía del impacto.
Las estadísticas locales y regionales muestran que no se trata de hechos aislados. Los siniestros graves suelen concentrarse cuando la ciudad duerme y la guardia baja. Los fines de semana suelen dejar su saldo de heridos y familias atravesadas por la incertidumbre.
El desafío no es menor. Requiere controles sostenidos, campañas de concientización y, sobre todo, un cambio cultural. Porque cuando el fin de semana comienza, el riesgo no se toma descanso.

