Pulsa «Intro» para saltar al contenido

¿Dónde ponemos el dinero los dolorenses?

Villa Dolores fue cuna de industrias que impulsaban el crecimiento local, pero hoy muchos capitales salen de la ciudad sin fortalecer su desarrollo. José “Cholo” Vila Guerrero, Ciudadano Ilustre, criticaba este fenómeno y llamaba a invertir en el propio suelo. ¿Es posible recuperar ese espíritu emprendedor o es simplemente una utopía?


La historia de Villa Dolores está marcada por el empuje de sus habitantes, por su capacidad de trabajo y por el sueño de generaciones que construyeron una ciudad con identidad propia. Sin embargo, hay una reflexión que, a pesar del paso del tiempo, sigue vigente y merece ser analizada: ¿cuál es el compromiso de quienes tienen los recursos y el conocimiento para impulsar el crecimiento de nuestra comunidad?

El Ciudadano Ilustre José “Cholo” Vila Guerrero, con su claridad y frontalidad, lanzó tiempo atrás una crítica en las páginas de este Semanario que retumba aún hoy en nuestra memoria colectiva. Durante una entrevista concedida en 2011, afirmaba que, si bien en Villa Dolores había personas con gran capacidad económica, su inversión estaba dirigida hacia afuera. En su opinión, la ciudad había perdido el vigor empresarial que la caracterizó en sus primeros años, cuando existían industrias diversas que sostenían el crecimiento y generaban empleo.

El planteo de “Cholo” Vila Guerrero iba más allá de una simple observación económica. Tocaba un punto sensible: la falta de propósito comunitario en aquellos que podrían transformar la realidad de Villa Dolores. “La plata no está acá, donde nacieron sus hijos y donde los van a enterrar. El dinero está afuera, en otras sociedades, donde ni siquiera pueden opinar ni levantar la mano”, afirmaba con determinación. Y su crítica, lejos de ser un simple lamento nostálgico, era una invitación a la acción.

El desarrollo de una comunidad no se logra con discursos ni con promesas gubernamentales. Se construye con esfuerzo, inversión y compromiso. Si la inversión local se desvía hacia otras geografías, si los recursos generados aquí no son reinvertidos en iniciativas productivas, entonces se produce un vacío que ninguna política pública puede llenar. Sin industrias, sin emprendimientos fuertes, sin iniciativas que generen empleo y oportunidades, la ciudad se condena a la dependencia de factores externos y a una estancada mediocridad.

No se trata de una cuestión exclusiva de los empresarios o comerciantes de la región. Es una reflexión que nos interpela a todos. ¿Cuántos de nosotros elegimos consumir productos y servicios locales? ¿Cuántos apoyamos el comercio de nuestros vecinos en lugar de buscar opciones en otras ciudades o en grandes cadenas que poco y nada aportan al desarrollo de nuestra comunidad? La construcción de un tejido económico sólido comienza con decisiones cotidianas, con la elección consciente de apostar por lo propio.

Desde este espacio de opinión, hemos insistido en múltiples ocasiones en la necesidad de fortalecer el compromiso social. Las ciudades no crecen por obra de la casualidad ni por la intervención de factores externos milagrosos. Crecen porque hay personas que deciden actuar, que apuestan por su comunidad, que invierten sus recursos, su tiempo y su energía en proyectos con impacto real.

Como bien decía “Cholo”, aquel que pone su dinero en la ciudad, antes de llevarlo a otro lado, se convierte en un revolucionario, un innovador, un creador, un propulsor. Se convierte en alguien que deja huella, que genera empleo, que aporta al crecimiento de su comunidad.

Entonces, la pregunta sigue en pie: ¿Dónde ponemos el dinero los dolorenses? ¿Cuántos estamos dispuestos a mirar hacia adentro y a trabajar por una Villa Dolores más próspera? ¿Es posible pensar en un modelo de desarrollo basado en el esfuerzo conjunto, en la inversión local y en la construcción de oportunidades? O, por el contrario, ¿seguiremos confiando en soluciones externas y esperando que los cambios vengan desde afuera?

La respuesta está en cada uno de nosotros. El futuro de Villa Dolores no depende solamente de sus gobernantes ni de circunstancias ajenas. Depende de sus habitantes, de su compromiso, de su decisión de apostar por su tierra y de su voluntad de generar progreso. Porque una ciudad que no invierte en sí misma está condenada a perder su esencia y a convertirse en un simple punto en el mapa sin identidad ni futuro.

• El Ciudadano.