En los paisajes imponentes de las sierras de Córdoba, donde la naturaleza despliega su esplendor, Karina Binder y Efraín Oliva llevan adelante una tarea crucial y muchas veces silenciosa: la recolección de residuos. Ambos, nacidos y criados en Traslasierra, dedican sus días a limpiar los senderos y espacios naturales que turistas y locales utilizan, pero a menudo contaminan. Su esfuerzo, no sólo es un acto de amor por el lugar que los vio crecer, sino también una advertencia sobre el estado crítico de nuestras sierras.
La carga de la irresponsabilidad
Los residuos más comunes que Binder y Oliva recolectan son papeles higiénicos y otros desechos que la gente deja abandonados, especialmente en los senderos y áreas cercanas. “Es alarmante la cantidad de papel higiénico que encontramos”, comenta Oliva, quien ha trabajado toda su vida en contacto con la naturaleza. Lo que debería ser un entorno limpio y respetado, se ha transformado en un espacio invadido por la negligencia.
Binder, como guardaparque, observa esta situación con preocupación: “Las sierras son de todos, y todos debemos cuidarlas”. Su trabajo, junto al de Oliva, no se limita a recolectar basura, sino que también implica la quema segura de los desechos, un proceso necesario para evitar la contaminación y preservar el entorno natural. Sin embargo, el esfuerzo de dos personas no es suficiente frente al impacto que genera la falta de conciencia.
Una responsabilidad colectiva
Desde El Ciudadano, consideramos que la responsabilidad de mantener nuestras sierras limpias y protegidas recae en cada uno de nosotros. La belleza natural que tanto nos enorgullece no es un recurso ilimitado ni eterno, y está siendo amenazada por la acción humana. El turismo, que representa una fuente de ingresos vital para la región, también es una de las principales causas de contaminación cuando no se gestiona adecuadamente. Es imperioso que los visitantes, así como los locales, comprendan la importancia de cuidar el entorno que disfrutan.
La necesidad de un cambio cultural
El trabajo de Binder y Oliva es ejemplar, pero es un recordatorio de que el cuidado ambiental no puede depender únicamente de unos pocos. La conciencia sobre la correcta disposición de residuos y el respeto por la naturaleza deben formar parte de la cultura cotidiana de quienes visitan las sierras. Es inadmisible que espacios de gran valor ecológico estén siendo utilizados como basureros a cielo abierto, y que héroes anónimos como Binder y Oliva deban asumir la tarea de limpiar lo que otros dejan irresponsablemente.
El impacto de la contaminación no sólo afecta la belleza del paisaje, sino que también pone en peligro la fauna y la flora autóctonas, e incluso la salud de las personas. Un entorno limpio es un entorno saludable, y las sierras de Córdoba son un patrimonio que debe ser defendido con acciones, no únicamente con palabras.
Un llamado a la acción
Desde El Ciudadano, hacemos un llamado urgente a los turistas, habitantes y autoridades para reforzar las políticas de cuidado ambiental en Traslasierra. Es necesario mejorar la infraestructura de recolección de residuos, aumentar la cantidad de campañas de concientización y aplicar sanciones efectivas para quienes dañan el medio ambiente. Sólo de esta manera podremos garantizar que las futuras generaciones puedan disfrutar de estos paisajes como lo hacemos hoy.
El cuidado de las sierras no es opcional, es una obligación compartida. Y aunque admiramos la labor de Karina Binder y Efraín Oliva, es hora de que todos asumamos nuestro papel en la protección de este invaluable tesoro natural.