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Un villadolorense en el Ateneo de Cosquín

El 18 de diciembre pasado recibí una invitación que, a la vez de llenarme de satisfacción, me planteó un desafío que acepté con entusiasmo y complacencia. La nota, rubricada por Jorge González, secretario de Cultura de la Municipalidad de Cosquín, dice: “(…) considerando su tarea profesional y sus valores personales, nos complace invitarlo a participar de esta nueva edición del Ateneo Folclórico de Cosquín, a desarrollarse durante los días 22, 23 y 24 de enero de 2024 en la ciudad de Cosquín y en el marco del 64° Festival de Folklore”.

La Dirección de Patrimonio Cultural, dependiente de dicha Secretaría, convoca de esta manera “a referentes y representantes de las regiones culturales a participar de las reuniones de este espacio que promueve el diálogo, el respeto y la convivencia federal”.

“El objetivo principal del Ateneo es consensuar, con los representantes de las regiones culturales, líneas problemáticas que afecten a las mismas para que alguna de ellas se constituya en el temario a desarrollar en el Congreso Federal de Cultura, que se desarrollará en el marco del Festival Nacional de Folklore del año 2025”. 

Cada región cultural del país tendrá dos representantes. Yo fui designado para representar a la del Centro y tengo el honor de compartir esa tarea junto con Mario Díaz, artista músico cantante y guitarrista, de extensa y notable trayectoria −nacido en Huinca Renancó−.

Representación y cometido

Ateneo, palabra de origen griego, alude a reunión o encuentro cultural en el que se tratan temas científicos y/o artísticos. El que se realiza en Cosquín desde 1962 −año de mi nacimiento y segundo del Festival− fue, en gran medida, por obra y gracia del Dr. Santos A. Sarmiento, pionero y artífice del fenómeno folklórico coscoíno.

En su libro ¡Aquí Cosquín! (Baldissera Impresiones, 1992), Sarmiento no dice que quienes asisten al Ateneo “aprenden y estudian folklore y nativismo, comprenden las raíces de nacionalidad y soberanía, y toman conciencia que este movimiento va más allá de la reactivación económica zonal. Quieren y necesitan dar una plataforma cultural, parten de la premisa de que el folklore, o los hechos folklóricos no se inventan o crean, existen, deben ser actualizados, explicados, difundidos y revalorizados. Ello solo es posible con una institución que los estudie, los proyecte y los ponga en vigencia en el escenario, que es oportunidad de la difusión masiva popular”.

Por otra parte, en el libro Había que cantar… −Una historia del Festival Nacional del Folklore de Cosquín−, (Comisión Municipal de Folklore, 2010) Santiago Giordano y Alejandro Mareco enfatizan este evento como “uno de los fenómenos culturales más poderosos de la historia argentina. (…) Un lugar de encuentro entre quienes, de mil maneras, interpretaron la inmensa alegría de ceñirse a un bien común, de ejercer un rasgo cultural posible. Ese es el milagro. En un país fatalmente cruzado por divisiones y hasta separado por distintas formas de ejercitar el regodeo y la alegría, el Festival Nacional de Folklore logró ser, de distintas maneras, un lugar de confluencias”.

Mi condición de músico popular, como así también la de docente en dicha rama artística, danzas nativas y teatro agradecen, en esta ocasión, haber sido convocado a ejercer nuestro rasgo cultural transerrano. Además, en mi calidad de corresponsal del Semanario El Ciudadano, tendré la oportunidad de acceder a conversaciones, entrevistas, noticias varias, etc., en el marco de este célebre e inmenso acontecimiento cultural, que compartiré con ustedes en mis habituales columnas sabatinas.

• Por: Jorge «Trueno» Soria